domingo, 27 de febrero de 2011
Yo en el calendario

ENLAZADOR DE MUNDOS
CIMI
kin 166
Direcciòn: Norte
sello: 6
* segunda luna del Escorpiòn. Poder: polarizar-estabilizar
* Semana Roja: Iniciador
* Tono 10: MANDO: Produce, perfecciona y manifiesta en el plano espiritual
* Dìa ¿de la semana? 5: Laringeo. Poder: comunicar
* Onda encantada 13: TIERRA MAGNÈTICO ROJA. Poder: navega la evoluciòn terrestre
sábado, 26 de febrero de 2011
Silencio cerebral
El pasado martes, el poeta nacional Gonzalo Rojas sufrió un infarto cerebral que lo mantiene hasta hoy en una situación de "extremo cuidado" y bajo observación médica las 24 horas del día.
Al silencio
Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.
Asma es amor
A Hilda, mi centaura
Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí, no es bueno
el avión de palo en el que yaces con
vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
de las que ya no estás, tu esbeltez
ya no está, tus grandes
pies hermosos, tu espinazo
de yegua de Faraón, y es tan difícil
este resuello, tú
me entiendes: asma
es amor.
Al silencio
Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.
Asma es amor
A Hilda, mi centaura
Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí, no es bueno
el avión de palo en el que yaces con
vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
de las que ya no estás, tu esbeltez
ya no está, tus grandes
pies hermosos, tu espinazo
de yegua de Faraón, y es tan difícil
este resuello, tú
me entiendes: asma
es amor.
El pudor como gesto selectivo y algunos comentarios sobre seduccion
La vergüenza es la forma exaltada con que el pudor nos cierra a la influencia de un otro indeseado. Somos seres gregarios por naturaleza y nos importa lo que opinen los demás. Deseamos una parte del universo en nosotros pero no a todo el universo. La experiencia mística es la única que nos muestra el todo como algo deseable
“Be yourself no matter what they say”: la frase es del afamado cantante Sting, y nos llama justamente a dejar de lado esas trabas mentales por las cuales dejamos de ser nosotros mismos, o vivimos a la defensiva para aparentar un ideal que no nos pertenece o para vivir desde los otros.
Si la vergüenza y la timidez es la forma excesiva y patológica del pudor - valor selectivo de nuestras relaciones y protector de nuestra intimidad-, el descaro es su cara defectuosa e igualmente patológica. Muchas veces a la libertad, se le asocia esta última situación, y la responsabilidad, a la primera. Una relación responsable está plagada de restricciones, y por el contrario, una relación libre se mueve según los caprichos del momento, sin importar las consecuencias. Frente a esa contradicción, cabe preguntarse si la libertad y la responsabilidad conjugadas pueden encontrar un centro.
Volviendo al tema anterior, la seducción es una construcción, pero no una construcción cualquiera. No es una proyección mental propiamente tal; no es una idea preconcebida o un plan, es más bien la bisagra donde las palabras se vuelven latentes en el orden de la expresión física. Las palabras, en sí, separadas del cuerpo, son piezas de una gran máquina. Por eso, los que intentan amar desde explicaciones abstractas lo hacen como máquinas. Lo que seduce, en cambio, se vuelve digno e importante porque las piezas limitadas de la máquina encuentran su celebración en el cuerpo. Un mal seductor, nos intentará vender un currículum lleno de glorias y mentiras, o, agachará su cabeza pensando que con su miseria puede seducir la compasión del otro. Lo que ocurre efectivamente, es que la gente compasiva siente compasión por los miserables pero no erotismo. El erotismo está íntimamente ligado a la admiración espontánea. El que intenta vender un curriculum, por su parte, malversará ineluctablemente el gesto espontáneo de todo acto erótico (para empaquetados y manipuladores).
Si alguien no es digno de satisfacer las condiciones de admiración espontánea, libre y dignamente, caemos entonces en los limitados recursos materiales de la admiración sensual, o en los abstractos y volàtiles caminos de la admiraciòn personal. Un peldaño debajo de la escalera nos encontramos con la expresión sexual propiamente tal, nuestros bajos instintos en su primitiva inclinaciòn al placer en bruto. Sin duda que a alguien sensual o sexy le será difícil satisfacer algo duradero si no lleva la seducciòn a un plano màs alto (receta para cristianos adormecidos por los repetidos fracasos de sus conquistas). Los mentalistas demandan objetos mentales, una personalidad a la base, una sustancia ideal (muy comùn entre homosexuales mujeres opositoras al falo). Para los sensualistas, la verdad està en el cuerpo y nada màs que en èl, en el sustrato material de sus energìas. Para alguien que se ha dado cuenta que por encima de estos dos planos se encuentra el mundo espiritual, la seducciòn es llevada hacia un estado superior que los anteriores. Una mujer voluptuosa o un musculín, por ejemplo, pueden llevarnos rápidamente al fondo del zótano, a la oscuridad secreta de un motel y luego desaparecer. ¿Qué nos queda después? “Easy come, easy go”. En la seducción espiritual ocurre lo contrario.
Decir que todos queremos sentirnos importantes y dignos por naturaleza, es una perogrullada casi tan obvia como que todos los seres humanos tienden al saber por naturaleza. Ahora bien, qué tipo de importancia, dignidad y de saber es el que busca cada uno, es tema para otro examen. Por ahora, contentémonos con decir que en la seducción, el que seduce junto con el que es seducido, se relacionan con el estatus, la dignidad y la importancia que se proyectan sobre los Otros. Puede que no haya nadie alrededor pero sí en la mente- donde se deben cumplir ciertos requisitos, más o menos rígidos, para la satisfacción plena del espíritu, en el orden del sentido. Así como me incomoda y a veces molesta y repulsa en la literatura leer una escritura donde las comas se utilicen como puntos y los puntos como comas, igualmente me incomoda estar con alguien que me provoque vergüenza “ajena” (cuando en realidad es una vergüenza propia proyectada) o en el otro extremo, que se desdibuje mi libertad bajo los límites neuróticos de la apariencia y las mecánicas formalidades. Es una torpeza pensar que la inseguridad exagerada es un indicador de triunfo erótico, como también lo es pensar que el exagerado desenvolvimiento (como olvido del pròjimo) signifique un confort glorioso. En el primer caso, solo se revela la persona insegura en su miseria dependiente y el que seduce en su narcisismo explotador; en el segundo, se desnuda una absoluta desconsideración con el otro, en la que los únicos objetos de encuentro pueden ser los objetos sensuales o la sexualidad misma. Después de ello, ¿qué nos queda?
El camino a la cama en el erotismo espiritual es largo y difícil, pero seguro y elevado como no los hay de otro modo; se encuentra en las alturas del ser sincrònico, donde se hacen inneceseraias las apariencias y se trasciende el letargo físico y mental, la contingencia de objetos sensuales e "inteligentes"; se suben asì las escaleras, liviano de peso y pacientemente, peldaño tras peldaño, hasta llegar a un luminoso portal sin imagenes propias ni simbolos, la eternidad infinita; no el subterráneo calabozo que nos sumerge en la oscuridad, donde todo busca un escondite y se avergüenza de sí.
“Be yourself no matter what they say”: la frase es del afamado cantante Sting, y nos llama justamente a dejar de lado esas trabas mentales por las cuales dejamos de ser nosotros mismos, o vivimos a la defensiva para aparentar un ideal que no nos pertenece o para vivir desde los otros.
Si la vergüenza y la timidez es la forma excesiva y patológica del pudor - valor selectivo de nuestras relaciones y protector de nuestra intimidad-, el descaro es su cara defectuosa e igualmente patológica. Muchas veces a la libertad, se le asocia esta última situación, y la responsabilidad, a la primera. Una relación responsable está plagada de restricciones, y por el contrario, una relación libre se mueve según los caprichos del momento, sin importar las consecuencias. Frente a esa contradicción, cabe preguntarse si la libertad y la responsabilidad conjugadas pueden encontrar un centro.
Volviendo al tema anterior, la seducción es una construcción, pero no una construcción cualquiera. No es una proyección mental propiamente tal; no es una idea preconcebida o un plan, es más bien la bisagra donde las palabras se vuelven latentes en el orden de la expresión física. Las palabras, en sí, separadas del cuerpo, son piezas de una gran máquina. Por eso, los que intentan amar desde explicaciones abstractas lo hacen como máquinas. Lo que seduce, en cambio, se vuelve digno e importante porque las piezas limitadas de la máquina encuentran su celebración en el cuerpo. Un mal seductor, nos intentará vender un currículum lleno de glorias y mentiras, o, agachará su cabeza pensando que con su miseria puede seducir la compasión del otro. Lo que ocurre efectivamente, es que la gente compasiva siente compasión por los miserables pero no erotismo. El erotismo está íntimamente ligado a la admiración espontánea. El que intenta vender un curriculum, por su parte, malversará ineluctablemente el gesto espontáneo de todo acto erótico (para empaquetados y manipuladores).
Si alguien no es digno de satisfacer las condiciones de admiración espontánea, libre y dignamente, caemos entonces en los limitados recursos materiales de la admiración sensual, o en los abstractos y volàtiles caminos de la admiraciòn personal. Un peldaño debajo de la escalera nos encontramos con la expresión sexual propiamente tal, nuestros bajos instintos en su primitiva inclinaciòn al placer en bruto. Sin duda que a alguien sensual o sexy le será difícil satisfacer algo duradero si no lleva la seducciòn a un plano màs alto (receta para cristianos adormecidos por los repetidos fracasos de sus conquistas). Los mentalistas demandan objetos mentales, una personalidad a la base, una sustancia ideal (muy comùn entre homosexuales mujeres opositoras al falo). Para los sensualistas, la verdad està en el cuerpo y nada màs que en èl, en el sustrato material de sus energìas. Para alguien que se ha dado cuenta que por encima de estos dos planos se encuentra el mundo espiritual, la seducciòn es llevada hacia un estado superior que los anteriores. Una mujer voluptuosa o un musculín, por ejemplo, pueden llevarnos rápidamente al fondo del zótano, a la oscuridad secreta de un motel y luego desaparecer. ¿Qué nos queda después? “Easy come, easy go”. En la seducción espiritual ocurre lo contrario.
Decir que todos queremos sentirnos importantes y dignos por naturaleza, es una perogrullada casi tan obvia como que todos los seres humanos tienden al saber por naturaleza. Ahora bien, qué tipo de importancia, dignidad y de saber es el que busca cada uno, es tema para otro examen. Por ahora, contentémonos con decir que en la seducción, el que seduce junto con el que es seducido, se relacionan con el estatus, la dignidad y la importancia que se proyectan sobre los Otros. Puede que no haya nadie alrededor pero sí en la mente- donde se deben cumplir ciertos requisitos, más o menos rígidos, para la satisfacción plena del espíritu, en el orden del sentido. Así como me incomoda y a veces molesta y repulsa en la literatura leer una escritura donde las comas se utilicen como puntos y los puntos como comas, igualmente me incomoda estar con alguien que me provoque vergüenza “ajena” (cuando en realidad es una vergüenza propia proyectada) o en el otro extremo, que se desdibuje mi libertad bajo los límites neuróticos de la apariencia y las mecánicas formalidades. Es una torpeza pensar que la inseguridad exagerada es un indicador de triunfo erótico, como también lo es pensar que el exagerado desenvolvimiento (como olvido del pròjimo) signifique un confort glorioso. En el primer caso, solo se revela la persona insegura en su miseria dependiente y el que seduce en su narcisismo explotador; en el segundo, se desnuda una absoluta desconsideración con el otro, en la que los únicos objetos de encuentro pueden ser los objetos sensuales o la sexualidad misma. Después de ello, ¿qué nos queda?
El camino a la cama en el erotismo espiritual es largo y difícil, pero seguro y elevado como no los hay de otro modo; se encuentra en las alturas del ser sincrònico, donde se hacen inneceseraias las apariencias y se trasciende el letargo físico y mental, la contingencia de objetos sensuales e "inteligentes"; se suben asì las escaleras, liviano de peso y pacientemente, peldaño tras peldaño, hasta llegar a un luminoso portal sin imagenes propias ni simbolos, la eternidad infinita; no el subterráneo calabozo que nos sumerge en la oscuridad, donde todo busca un escondite y se avergüenza de sí.
jueves, 24 de febrero de 2011
Latigazos
* para discernir entre el bien y el mal, no es suficiente sentir; tambien es preciso argumentar y deliberar, pegarse con un látigo
* suelo ser una persona desorganizada y dispersa, aunk paradójicamente, suelo ser muy sensible a las opiniones ajenas, y por lo mismo, y como una defensa natural, poco flexible y renuente a las criticas de los demás, a veces en exceso
* Me dejo llevar fàcilmente por los impulsos; las ideas han caido en el descredito (Dios ha muerto) y en una continua profanaciòn carnal.
* No sé establecer límites claros por un temor irracional al rechazo: aún no tengo estructuras sólidas en las que afirmarme, porque no tengo un objeto serio de activida productiva, porque me falta autonomía. Me refugio en la escritura y los pensamientos (míos y de otros, atentando fuertemente contra los deechos de autor) para sentirme autónomo, libre y supuestamente productivo. Dicha producción es solo mental. No llega a materializarse y tampoco a realizarse a nivel espiritual: todo queda en la idea.
* el miedo al ridiculo y a la frustracion me conduce a evasiones crònicas. Busco aparentar en demasía, me importa demasiado lo que opinen de mi. En definitiva, lo que yo quiero que los demás opinen es que no soy perdedor ni mediocre. Parece que he puesto un tribunal en mi mente demasiado exigente respecto de mi realidad actual. Es como si quisiera aprender a correr sin aprender a caminar. Solo de manera ordenada y secuencial se puede caminar. La paciencia es divina ciencia; la honestidad y la destrucción del tribunal (la principal trampa!) son mis metas y el centro de mi actividad liberadora.
...
2
º si no es la comida es el sexo. Si no es el sexo es la comida. O a veces, son las dos cosas a la vez. Y así me la llevo, con el sentido revuelto en las vísceras, confuso de palabras, sexópata.
º sueño que un caudaloso río marrón me arrastra peligrosamente cerro abajo. Pero mi mente, se cree tan fuerte -cuando en realidad es profundamente nihilista, dispersa, débil y olvidadiza- boicotea los problemas reales, aminorando su verdadera importancia, poniendome asi, una venda en los ojos. Me evado con facilidad, me disperso: los problemas se olvidan no se soluciona.
º soy alérgico a la marihuana, el pasto, el litre, los preservantes y los transgénicos (la caca cola, la soya)... comienzo a somatizar mi estres mental y el profuso desorden circadiano (donde abundan los alimentos cremosos, los atracones, el vértigo, la caída en el vacío)
º y, soy colérico ante la presión; me enclaustro en mi concha de mar, como una ostra; me vuelvo resentido, pasivo, cínico. Comienzo a "delinquir" en silencio, a relativizar los límites por conveniencia, y llevar una vida privada escindida de la pública. Puedo ser un desvergonzado en los mundos invisibles de la imaginación. Me vuelvo un ser pasivo y tonto frente a las exigencias del medio. Todo cierra en el hecho de que soy dependiente de mis padres, tengo miedo a autoabastecerme, a luchar por el pan. Tengo miedo a luchar y encontrarme con un monstruo. Tengo miedo a encontrar ese monstruo dentro de mi. Me vuelvo en consecuencia un procastrinador crónico, un masturbador de palabras: un perseguidor (un perseguido).
º tengo fragilidad de memoria. Me cuesta repetir un modelo con rapidez. Los temores maternos opacan mi espontaneidad. Pero si no hay alguien que me reciba en la piscina, no me tiro. Si nadie me da una pauta, no trabajo con ninguna. Tengo miedo a fallar. Tengo miedo a hacerme daño. Tengo miedo a hacerle daño a los demás. Opto por lo más fácil que es hacer nada, o hacer cosas a la rápida, como que no quiere la cosa, sin dedicación ni esfuerzo ni amor. Pierdo entonces precisión y naturalidad.
º Resalta mi desprolijidad y despreocupación por mi y por otros, pero relumbran en esa despreocupación, destellos de una genialidad, la mayor de las veces dispersa, relativa, coja de de amores y excesiva de palabras; siempre ando iniciando o finalizando algo a la rápida, situando mi orgullo en estos destellos de la pseudo intuición -porque la verdadera intuición no es mental sino del corazón. Frecuentemente la mente me pone trampas, el sin sentido delante de lo que hago, los temores y penas, la rabias y pataletas: el sentido se halla en otra parte.
ºMe dejo llevar por la corriente, !aunque sea inmunda! Cuando el perseguidor casi me atrapa, mi imaginación me evade, me arrastra hacia lugares oscuros, obsesivos, cavernas submarinas donde la luz apenas se sumerge, donde los animales deambulan como sombras. Ahí, en la oscuridad solitaria, desconfío: de mi, de los demás, de la autoridad, de los modelos; me entorpezco, y temo al ridículo bajo la coraza oxidada y la rígida apariencia de una genialidad por explotar, de un orgullo vano y presuntuoso, que masoquistamente, se reconoce mudo, por elección propia.
º las cumbres de los destellos, la "gracia divina", me arrancan bipolarmente de la oscuridad. Recuerdo entonces que tengo un espíritu y que pertenezco a un orden superior, más allá de mis palabras gastadas y de la profusa telaraña donde se tejen. Y al volver, aquel centro se desvanece, todo se desordena otra vez. Un letargo profundo se sucede con tiempos acelerados y trampas mentales donde prevalece la apariencia y la escición.
º Pero suelo almacenar, aunque sea desordenadamente. Soy una biblioteca de información dispersa. En consecuencia, lo acumulado produce remolinos y temblores.
º Me vuelvo crítico para camuflar que soy un cordero y un carroñero. Frecuentemente, mastico las ideas como si fueran eso; pedazos de carne.
º No quiero que vean que soy último o mediocre cuando intenté llegar primero, o al menos, en los puestos de avanzada.
3
rosario
º para solucionar mis problemas de memoria escribo
º para solucionar mi dispersión respiro
º tengo que confiar en mi sano orgullo y en las bondades de mi autoestima. Siempre habrán chaqueteros y críticas, pero no se puede uno pasar la vida viviendo por los pensamientos de otros.
* Lo hecho hecho está y lo que no se ha hecho aún todavía no es. Sólo queda vibrar el presente con magia y esfuerzo y comprender la memoria y el por venir en función de él
4
Taimado y distraído
* suelo ser una persona desorganizada y dispersa, aunk paradójicamente, suelo ser muy sensible a las opiniones ajenas, y por lo mismo, y como una defensa natural, poco flexible y renuente a las criticas de los demás, a veces en exceso
* Me dejo llevar fàcilmente por los impulsos; las ideas han caido en el descredito (Dios ha muerto) y en una continua profanaciòn carnal.
* No sé establecer límites claros por un temor irracional al rechazo: aún no tengo estructuras sólidas en las que afirmarme, porque no tengo un objeto serio de activida productiva, porque me falta autonomía. Me refugio en la escritura y los pensamientos (míos y de otros, atentando fuertemente contra los deechos de autor) para sentirme autónomo, libre y supuestamente productivo. Dicha producción es solo mental. No llega a materializarse y tampoco a realizarse a nivel espiritual: todo queda en la idea.
* el miedo al ridiculo y a la frustracion me conduce a evasiones crònicas. Busco aparentar en demasía, me importa demasiado lo que opinen de mi. En definitiva, lo que yo quiero que los demás opinen es que no soy perdedor ni mediocre. Parece que he puesto un tribunal en mi mente demasiado exigente respecto de mi realidad actual. Es como si quisiera aprender a correr sin aprender a caminar. Solo de manera ordenada y secuencial se puede caminar. La paciencia es divina ciencia; la honestidad y la destrucción del tribunal (la principal trampa!) son mis metas y el centro de mi actividad liberadora.
...
2
º si no es la comida es el sexo. Si no es el sexo es la comida. O a veces, son las dos cosas a la vez. Y así me la llevo, con el sentido revuelto en las vísceras, confuso de palabras, sexópata.
º sueño que un caudaloso río marrón me arrastra peligrosamente cerro abajo. Pero mi mente, se cree tan fuerte -cuando en realidad es profundamente nihilista, dispersa, débil y olvidadiza- boicotea los problemas reales, aminorando su verdadera importancia, poniendome asi, una venda en los ojos. Me evado con facilidad, me disperso: los problemas se olvidan no se soluciona.
º soy alérgico a la marihuana, el pasto, el litre, los preservantes y los transgénicos (la caca cola, la soya)... comienzo a somatizar mi estres mental y el profuso desorden circadiano (donde abundan los alimentos cremosos, los atracones, el vértigo, la caída en el vacío)
º y, soy colérico ante la presión; me enclaustro en mi concha de mar, como una ostra; me vuelvo resentido, pasivo, cínico. Comienzo a "delinquir" en silencio, a relativizar los límites por conveniencia, y llevar una vida privada escindida de la pública. Puedo ser un desvergonzado en los mundos invisibles de la imaginación. Me vuelvo un ser pasivo y tonto frente a las exigencias del medio. Todo cierra en el hecho de que soy dependiente de mis padres, tengo miedo a autoabastecerme, a luchar por el pan. Tengo miedo a luchar y encontrarme con un monstruo. Tengo miedo a encontrar ese monstruo dentro de mi. Me vuelvo en consecuencia un procastrinador crónico, un masturbador de palabras: un perseguidor (un perseguido).
º tengo fragilidad de memoria. Me cuesta repetir un modelo con rapidez. Los temores maternos opacan mi espontaneidad. Pero si no hay alguien que me reciba en la piscina, no me tiro. Si nadie me da una pauta, no trabajo con ninguna. Tengo miedo a fallar. Tengo miedo a hacerme daño. Tengo miedo a hacerle daño a los demás. Opto por lo más fácil que es hacer nada, o hacer cosas a la rápida, como que no quiere la cosa, sin dedicación ni esfuerzo ni amor. Pierdo entonces precisión y naturalidad.
º Resalta mi desprolijidad y despreocupación por mi y por otros, pero relumbran en esa despreocupación, destellos de una genialidad, la mayor de las veces dispersa, relativa, coja de de amores y excesiva de palabras; siempre ando iniciando o finalizando algo a la rápida, situando mi orgullo en estos destellos de la pseudo intuición -porque la verdadera intuición no es mental sino del corazón. Frecuentemente la mente me pone trampas, el sin sentido delante de lo que hago, los temores y penas, la rabias y pataletas: el sentido se halla en otra parte.
ºMe dejo llevar por la corriente, !aunque sea inmunda! Cuando el perseguidor casi me atrapa, mi imaginación me evade, me arrastra hacia lugares oscuros, obsesivos, cavernas submarinas donde la luz apenas se sumerge, donde los animales deambulan como sombras. Ahí, en la oscuridad solitaria, desconfío: de mi, de los demás, de la autoridad, de los modelos; me entorpezco, y temo al ridículo bajo la coraza oxidada y la rígida apariencia de una genialidad por explotar, de un orgullo vano y presuntuoso, que masoquistamente, se reconoce mudo, por elección propia.
º las cumbres de los destellos, la "gracia divina", me arrancan bipolarmente de la oscuridad. Recuerdo entonces que tengo un espíritu y que pertenezco a un orden superior, más allá de mis palabras gastadas y de la profusa telaraña donde se tejen. Y al volver, aquel centro se desvanece, todo se desordena otra vez. Un letargo profundo se sucede con tiempos acelerados y trampas mentales donde prevalece la apariencia y la escición.
º Pero suelo almacenar, aunque sea desordenadamente. Soy una biblioteca de información dispersa. En consecuencia, lo acumulado produce remolinos y temblores.
º Me vuelvo crítico para camuflar que soy un cordero y un carroñero. Frecuentemente, mastico las ideas como si fueran eso; pedazos de carne.
º No quiero que vean que soy último o mediocre cuando intenté llegar primero, o al menos, en los puestos de avanzada.
3
rosario
º para solucionar mis problemas de memoria escribo
º para solucionar mi dispersión respiro
º tengo que confiar en mi sano orgullo y en las bondades de mi autoestima. Siempre habrán chaqueteros y críticas, pero no se puede uno pasar la vida viviendo por los pensamientos de otros.
* Lo hecho hecho está y lo que no se ha hecho aún todavía no es. Sólo queda vibrar el presente con magia y esfuerzo y comprender la memoria y el por venir en función de él
4
Taimado y distraído
miércoles, 23 de febrero de 2011
Ella tuvo que bajar su mirada cuando se encontró con la suya. Caminaba en sentido contrario al de ella y desapareció de la misma forma en que apareció, como un fugaz lucero nocturno. No pudo resistirse entonces voltear la mirada y suspirar. Pudo apreciar su espigado cuerpo sumergirse con una cadencia vivaz pero tranquila en el tumulto. Sintió de pronto una intensa excitación. Cuando su figura se perdió completamente en el tráfico, se quedó embotada, como un poste en medio de la marea. Al tomar el metro, desde escuela militar a Baquedano, las mismas miradas opacas habitaban el subterráneo camino, en donde ni un alfiler cabe entre los cuerpos pegados, cuando las miradas se clavan en el piso como estacas y cada cual se espía en los reflejos de las ventanas; la misma masa anónima de siempre, el mismo paso maquinal del tiempo entre cada estación, pero ella conservaba aún su recuerdo como quien guarda el fuego de un rayo en una vela. Al llegar a su trabajo, se sentía animada, aunque un poco inquieta.
Para su sorpresa, al día siguiente se encontró como por arte de magia nuevamente con él; casi a la misma hora y en el mismo lugar. Esa vez lo miró más desenvueltamente. Él llevaba unos lentes de color café que caían esféricamente por sus mejillas, sobre las cuales, apenas se asomaba su mirada. No encontrar su mirada la intrigó aún más; una blanca y amplia sonrisa se esbozó entre sus marcadas comisuras. Ella se sintió hechizada; desapareció de la misma forma que el día anterior; era el mismo camino del ganado, entre las mismas miradas de estatua, pero ella se sentía diferente: incluso podía escuchar la risa de dos ancianos conversando en el otro vagón del metro, y ver a una niña, que se manchaba el uniforme con un centella. Le causó gracia verle la lengua pintada con el colorante del helado. Absorta, de pronto se dio cuenta que el tiempo había transcurrido más rápido y de forma distinta. Llegó a su escritorio, sonriendo a cada uno de sus colegas, siendo correspondida de la misma forma. Aún tenía en su recuerdo su imagen seductora, la misteriosa mirada que se escondía tras sus lentes y su amplia sonrisa cuando se toparon "accidentalmente". Vio desde su escritorio a los auxiliares barrer la crujiente alfombra amarilla y naranja del suelo que anunciaba las introspectivas heladas del otoño. Un viento repentino se llevó las hojas de la palita donde las acumulaba don Pepe. Pudo entonces recordar con mayor exactitud las facciones del rostro del enigmatico personaje que la tenia cautiva. Despuès de un suspiro, intentó forzozamente olvidar su recuerdo, que a esas alturas la distraía. Tomó sus libros, y del tintero sacó una pluma que empezó a deslizar suave y lentamente por el papel, desvirginando su blanca y delgada superficie, como si con ello tuviese una relación erótica que el computador y el teclado no le daban.
Al siguiente día esperaba la coincidencia otra vez. Miró para todos lados en las calles y el metro en su camino al trabajo pero no encontró nada, solo un montón de gente melancólica. Volvió a mirar una y otra vez las mismas miradas tristes de siempre escuchando contra su voluntad el desagradable sonido de los fierros occidados de los autos y el metro junto a un montón de bocinazos del tráfico vehicular. Llegó entonces a su trabajo como de costumbre, sin el candor de los días anteriores. Sus colegas a la hora de almuerzo le hablaban pero ella no escuchaba. Parecía hipnotizada por pensamientos confusos. Era un día helado de nubes y escarcha. Las hojas habían vuelto caer y don Pepe volvía a recogerlas despacito, aletargado seguramente por el frío y su vejez.
Al día siguiente, se prometió evitar pensar en él, pues se le estaba transformando cada dia en obsesion. No pudo conseguirlo, pues mientras más trataba, más ganas tenía de pensar y escribir sobre él, hasta que sus sentimientos fueron tan desagradables, que pensó en darle muerte con su puño y letra sobre el papel; una tozuda esperanza se lo impidió. Pasaron meses, hasta que nuevamente el destino otra vez se lo ponía en su camino...
Para su sorpresa, al día siguiente se encontró como por arte de magia nuevamente con él; casi a la misma hora y en el mismo lugar. Esa vez lo miró más desenvueltamente. Él llevaba unos lentes de color café que caían esféricamente por sus mejillas, sobre las cuales, apenas se asomaba su mirada. No encontrar su mirada la intrigó aún más; una blanca y amplia sonrisa se esbozó entre sus marcadas comisuras. Ella se sintió hechizada; desapareció de la misma forma que el día anterior; era el mismo camino del ganado, entre las mismas miradas de estatua, pero ella se sentía diferente: incluso podía escuchar la risa de dos ancianos conversando en el otro vagón del metro, y ver a una niña, que se manchaba el uniforme con un centella. Le causó gracia verle la lengua pintada con el colorante del helado. Absorta, de pronto se dio cuenta que el tiempo había transcurrido más rápido y de forma distinta. Llegó a su escritorio, sonriendo a cada uno de sus colegas, siendo correspondida de la misma forma. Aún tenía en su recuerdo su imagen seductora, la misteriosa mirada que se escondía tras sus lentes y su amplia sonrisa cuando se toparon "accidentalmente". Vio desde su escritorio a los auxiliares barrer la crujiente alfombra amarilla y naranja del suelo que anunciaba las introspectivas heladas del otoño. Un viento repentino se llevó las hojas de la palita donde las acumulaba don Pepe. Pudo entonces recordar con mayor exactitud las facciones del rostro del enigmatico personaje que la tenia cautiva. Despuès de un suspiro, intentó forzozamente olvidar su recuerdo, que a esas alturas la distraía. Tomó sus libros, y del tintero sacó una pluma que empezó a deslizar suave y lentamente por el papel, desvirginando su blanca y delgada superficie, como si con ello tuviese una relación erótica que el computador y el teclado no le daban.
Al siguiente día esperaba la coincidencia otra vez. Miró para todos lados en las calles y el metro en su camino al trabajo pero no encontró nada, solo un montón de gente melancólica. Volvió a mirar una y otra vez las mismas miradas tristes de siempre escuchando contra su voluntad el desagradable sonido de los fierros occidados de los autos y el metro junto a un montón de bocinazos del tráfico vehicular. Llegó entonces a su trabajo como de costumbre, sin el candor de los días anteriores. Sus colegas a la hora de almuerzo le hablaban pero ella no escuchaba. Parecía hipnotizada por pensamientos confusos. Era un día helado de nubes y escarcha. Las hojas habían vuelto caer y don Pepe volvía a recogerlas despacito, aletargado seguramente por el frío y su vejez.
Al día siguiente, se prometió evitar pensar en él, pues se le estaba transformando cada dia en obsesion. No pudo conseguirlo, pues mientras más trataba, más ganas tenía de pensar y escribir sobre él, hasta que sus sentimientos fueron tan desagradables, que pensó en darle muerte con su puño y letra sobre el papel; una tozuda esperanza se lo impidió. Pasaron meses, hasta que nuevamente el destino otra vez se lo ponía en su camino...
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