jueves, 20 de mayo de 2010

Parafrasis

Las Musas Heliconíadas, que habitan la montaña grande y divina del Helicón, danzaban alegres en torno a una fuente de violáceos reflejos y al altar del muy poderoso Cronión. Formaban bellos y deliciosos coros en la cumbre del Helicón y se cimbreaban vivamente sobre sus pies. Preámbulo de un viaje divino. Viaje y caravana hacia la fiesta de la Pornografía. En alumbrados carruajes y con las doncellas más hermosas, un enorme olifante me llevó en su lomo. Sátiros y faunos danzaban alrededor.

A las puertas del palacio, la diosa nos recibió desnuda. Primero a Dioniso y luego al apuesto Paris, quien llegaba al palacio junto al fuerte, orgulloso e inteligente Niklas Tower. Su piel, lascerada por el frío metal de las cadenas, era la expresión sublime de su estoica resistencia.

La estupenda Helena saludó afectusoamente a Pornografía regalándole una orquídea, mientras Afrodita, dejaba por un rato el enorme espejo del salón para echarle un vistazo a Niklas.

En el centro del palacio se desplegaban una serie de columnas robustecidas con laureles. Sobre almohadones rojos dispuestos por todo el salón, las musas gozaban los elogiosos poemas de los bardos. En medio había una pileta donde los faunos chapuceaban, y justo en el centro, un estatua de Dioniso era cubierta con rosas de distintos colores. Eris y Harmonía danzaban cerca de la cúpula, que brillaba entonces como un arcoiris. Las Estaciones, las alegres Cárites y la joven Hebe la acompañaban y alentaban junto al coro de las Musas y el tañido precioso del dios Apolo.

Oculto hasta entonces junto al incombustible Eros, Deseo conjuró a Dioniso a que despertase del sueño. “Despertad vieja cabra y bebed del vino que Pornografía os ofrece” El brilloso y policromado cristal de la cúpula resplandeció admirablemente. La música y los bailes causaron el delirio de los presentes. Por un momento, hasta el mismo Ares dejó su lanza y Eris, se abalanzó sobre Dioniso, que poco a poco incitaba hasta al màs pacato con sus bailes y cantos, bebiendo de una enorme jarra de vino que Eros le alcanzò desde la penumbra.

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