viernes, 25 de marzo de 2011

Porno

º la pornografia es un instrumento y no un fin en sì mismo: para encontrar la descarga sexual al modo voyeurista, representando visualmente el acto sexual y encontrando en ello un goce. Es como si con la pornografìa regresaramos a las formas primitivas del voyeurismo infantil. A falta del acto genital y de la persona con quien practicarlo, el porno y la masturbacion son sus sustitutos.

º El porno identifica al voyeur con un yo ideal que goza fantasiosamente del cuerpo materno, transgrediendo el ideal simbolico del superyo que restringe los impulsos. El yo ideal, que tambièn forma parte del superyò, identifica de este modo al sujeto en relacion a una moral dionisiaca pornogràfica, es decir, centrada en la excitacion nerviosa del cuerpo a travès de objetos visuales y auditivos que reemplazan a los tactiles.

º El voyeur solo encuentra satisfaccion espiando e identificandose onanistamente, esto es, excitandose a traves de la impresion de las representaciones visuales y auditivas del goce materno.

º La identificacion y el goce onanista que produce la pornografìa, representa al actor porno como el yo ideal; el actor porno es el que tiene el falo, el que lleva a cabo el acto sexual y el que gatilla el goce materno.

º Tal ideal yoico expuesto en la pornografia, se inscribe en lo inconsciente del voyeur como identificacion dionisiaca; el voyeur tendrà que obrar como su ideal: ser como èl, y tener en lo posible, lo que este tiene.

* hay que constatar el rol cada vez mas activo de la sexualidad femenina en el intercambio sexual; mas especificamente, cuando se apropia del varón o va en su conquista, engullendolo. La pornografìa expone, en ese sentido, a la mujer puta que hay detrà de la mujer madre, y al goce activo, desnudo, primitivo y genital, que hay detràs de la ropa y la civilizada pasividad y pudor genital.

* Pero no todo es pornografìa. De hecho, la pornografìa tiene un lugar secreto y privado en la vida de sus consumidores. En cambio, el mercado sì acepta que los espacios publicos sean llenado por objetos eroticos, que no son otra cosa que objetos insinuadores del acto porno; los caminos desplazados y reprimidos hacia la satisfaccion sexual de los consumidores encuentran su objeto voyeurista; la publicidad comercial, rescata entonces el ideal yoico dionisiaco, vistiendolo un poco, y enmascarando sus fines comerciales y pornogràficos (fines que solo se insinùan), intentando asociar en la mente del consumidor, la adquisicion del producto a la identificacion yoica del ideal eròtico expuesto.


* Si la publicidad es la manipulacion para guiar al consumidor a sus fines de venta, la manipulacion del vendedor obra y seduce con aquello que el yo del consumidor desea intensamente, es decir: la copula sexual y la adquisicion de un ideal erotico para conseguirlo. La publicidad eròtica, "sugiere" entonces una situaciòn pornogràfica, acercandonos el producto que se desea vender, como pertenencia ideal del yo dionisiaco con el que nos queremos identificar para gozar del cuerpo materno.

* El dominio yoico sobre el impulso sexual le ofrece al consumidor una identificacion con el actor porno en la fantasìa, y a su vez, una posible identificacion acostandose con una mujer.

º Ahora bien, la pornografìa acostumbra a sus consumidores a encontrar una satisfaccion sexual, fácil y narcisista, y a pervertir la realidad y la mente del que la consume. Perderá el yo del consumidor, el ánimo de lucha para obtener metas elevadas, o lisa y llanamente, buscará instancias para pervertir a muchachas de caracter dèbil, o en el mejor de los casos, encontrarà a alguien igualmente pervertida, a una mujer puta. Aumentarà así el sentido de grandeza en cuanto a la obtenciòn de placer, pero el voyeur, por màs que pueda manipular su realidad para acostarse con muchas mujeres, se sentirà insignificante e incompetente para alcanzar una satisfaccion intima, plena y espiritual, pues su mente estara acostumbrada a seguir los impulsos de sus genitales- asociadas a las fantasias pornograficas que lleva impresas en la memoria.

* El porno nos muestra a las personas como objetos del consumo sexual; una vez consumidos los productos, estos se trasnforman en deshechos -reciclables para casos específicos.

º La publicidad, en la medida que trata de envasarnos un producto y el género de un ideal identificatorio, no trata al individuo consumidor desde su singularidad propia, sino tan solo, desde los aspectos genericos y aspiracionales que manifiesta en su deseo; lo lleva entonces, desde sus tendencias primitivas a la generalidad anomina y alienante de lo que Otro quiere

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